Sólo algunas piezas anecdóticas recuerdan hoy un invento antiquísimo que fue muy popular en la cultura rural .
No hace tantos años, en los pueblos riojanos, como en tantos otros, después de haber faenado toda la mañana en el campo, se acostumbraba a aguardar la hora de comer charlando en la plaza o bajo el campanario de la iglesia. Los templos suelen estar construidos con sabiduría secular y orientados al sol, el astro que rige el ritmo agrario, de modo que aquellos hombres sin reloj pero acostumbrados a interpretar señales que hoy ni apreciaríamos podían saber con exactitud cuándo era mediodía, la hora convenida con la mujer para que el puchero estuviese a punto.La historia del reloj de sol se remonta a tiempos remotos, a la cultura sumeria y los antiguos egipcios. Se sabe que la pirámide de Keops (2550 a.C) fue diseñada mediante referencias estelares y utilizada para observaciones y mediciones. Hay constancia de que mil años después los propios egipcios utilizaban un reloj solar portátil llamado setjat. Como tantas otras ciencias, la gnomónica (que toma su nombre del gnomon o estilo que sirve de indicador en los relojes solares comunes) se desarrollaría enormemente en la época grecorromana para decaer en la medieval, no así en la cultura árabe, y resurgir en el Renacimiento.
En nuestros días en que la observación del sol sigue siendo motivo de gran interés e importancia, los relojes solares, en cambio, han caído en el desuso más absoluto y con ello en el olvido. Sin embargo, siguen recordándose sentimentalmente 'relojes naturales', como el Roble de las Once de Tobía, un árbol que el sol ilumina hacia esa hora; o la Peña del Reló de Anguiano, cuya sombra sirve para pautar la jornada.
Otros relojes han surgido en nuestros días: como el monumental de la rotonda entre Duques de Nájera y Pepe Blanco, más ornamental que otra cosa; Pero son sólo sombras de lo que fueron. (cultura rural - J. S. | LOGROÑO)


